La Gran Evasión

La Gran Evasión

sábado, 21 de octubre de 2017

154 - Chinatown 1974



























Chinatown, la obra maestra de Polanski, en 1974 el genio polaco nos atrapaba con su visión, con su homenaje al cine negro clásico, a la literatura negra, a esos detectives que husmean en asuntos turbios jugándose las narices. Chinatown es una obra desoladora, una película con el alma negra, perversa como Polanski, sombría como la luz de Alonzo, inquietante como la sonrisa de Jack Nicholson, cavernosa y oscura como la voz de John Huston y hermosa, irresistible y peligrosa como Faye Dunaway...Robert Towne hace un trabajo de guión perfecto, un minucioso engranaje que nos mantiene atentos, clavados en la butaca, siguiendo al señor Gittes por los Ángeles, nos convertimos en su mirada, enorme acierto de Polanski, estar tan desconcertados como él, descubrimos lo que él descubre, y recibimos los mismos golpes, nos quedamos igual de conmocionados.
Chinatown, un estudio sobre el poder, los canallas que disfrutan de sus vidas de lujo a costa de especular, de comprar y vender conciencias. La hipocresía del sueño americano sale a flote, como las inmundicias, es una crónica fabulosa, realizada con un dominio y un conocimiento del cine exquisitos, el personaje de Nicholson, J.J. Gittes, ese detective insensible y cínico no es más que un redomado romántico, otro de tantos. El amor de Cross por su hija nos deja helados, la ciudad de los Ángeles en pleno años treinta es la testigo de la vileza de los hombres....un aroma a literatura y cine, (Chandler, Hammett, Thompson, Cain....Hawks, Bogart, Lang)….esa niebla nos envuelve al terminar la historia, te deja tan aturdido como la banda sonora de Jerry Goldsmith, que ahonda en esa melancolía, una trompeta delicada y elegante recorre ese mundo lleno de riqueza material, pero dónde las personas, el amor, no cuenta, un mundo con la sombra del destino al acecho, la presencia constante del pasado, ese pasado que nos persigue, que no podemos olvidar, como Gittes, como Cross, como la señora Mulwray….en fin, Chinatown es una obra maestra llena de amargura y extremadamente bella.
Todo un clásico del cine negro moderno, todo un drama psicológico, oscuro y misterioso, tragedia, traición, corrupción, sordidez, muerte, el amor queda justo en medio. La película fue un gran triunfo para Roman Polanski, quizás el más grande de su carrera, pero sin el productor, Robert Evans no tendríamos Chinatown tal y como la conocemos.
La banda sonora de Jerry Goldsmith es sensible, triste y amarga como la película. La mirada de Polanski es también amarga, desoladora y sombría aunque estemos bajo el sol de los Ángeles, nos muestra cosas horribles expuestas con una belleza extrema, esa es una de sus virtudes, sabe destapar lo más terrible del alma humana, a través de imágenes hermosas, aquí viajamos a ese infierno, una tierra sin agua, sin sentimientos...una bofetada de ponzoñoso amor.

Desde la desértica torre de Radiopolis husmeamos en los trapos sucios de la ciudad, intentamos que la corrupción no compre el futuro, aunque el barrio chino lo engulle todo y el pasado nuca, nunca se olvida, no se puede escapar de él...
José  Miguel Moreno, Isabel Moncada, Raúl Gallego, Gervi Navío y con las narices hinchadas de cine, nuestro crítico, César Bardés.

Gervasio Navío Flores.


Artículo sobre Chinatown, por César Bardés


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viernes, 13 de octubre de 2017

153 - Los Viajes de Sullivan 1941




Preston Sturges, en 1941, entregaba al mundo su homenaje al cine, un canto al ser humano, una fábula dónde deja bien claro lo importante que es  la risa ...una auténtica maravilla: Los viajes de Sullivan. Sturges tenía que contar esta historia, poniendo de manifiesto la trascendencia y la relevancia del humor,  aportar su granito de arena, tal vez para acallar su conciencia por vivir bien en los malos tiempos, como el protagonista, Sullivan....
El cine como esperanza. Sturges es un maestro en la comedia, un innovador y hace una película divertida, el comienzo con el gag del autobús es delirante, puro cine mudo, Slapstick, hay comedia romántica, melodrama, documento y denuncia social.....  luego se oscurece bastante, cuando vemos la realidad de la gran depresión, planos de los ferrocarriles y las colas de vagabundos.
Los viajes de Sullivan es, ingeniosa, alocada, frenética por momentos, mordaz y punzante en otros, emotiva y reflexiva, porque tiene moraleja como toda vieja fábula, siempre con el maestro Capra presente y Lubitsh, las referencias son importantísimas, la fe en los hombres del gran Capra y la sátira y la ironía del ácido Lubitsh. La película te hace reír y de fondo te muestra otra visión del mundo, de eso se trata, eso es el cine, evasión.....magia, diversión y a la vez, la suspensión de las penalidades diarias, de las cuitas de la realidad....al menos por un par de horas, en la sala viajas a otras vidas, a otros mundos, descansando un poco del tuyo y enriqueciéndote en el proceso. 
Joel McCrea esta perfecto como Sullivan, su conclusión de que rodar comedias mientras el país atraviesa la Gran Depresión es una frivolidad, es fabulosa, sus vicisitudes devienen en que no se puede forzar una experiencia vital, tomada sin riesgo, como un juego, con una vida cómoda a la que regresar cuando acabe el experimento, esa reflexión es brillante. El personaje de Veronica Lake, que está preciosa, es muy interesante también, parte de la parodia de la típica aspirante a estrella que es capaz de todo para triunfar, pero vemos que sus motivaciones van derivando poco a poco en el amor, en la felicidad de compartir una vida con alguien......sin más.

Concluimos con la frase inicial de la película para cerrar el círculo:
“A la memoria de todos los que nos han hecho reír: saltimbanquis, payasos, bufones de todas las épocas y naciones, cuyos esfuerzos han aliviado nuestras preocupaciones”. 

Gracias infinitas a Preston Sturges.

Con nuestro hatillo al hombro, cargado de carcajadas y cine, caminamos por los arrabales de la ciudad.....José Miguel Moreno, Diego Contreras, Manuel Broullón, Gervi Navío y en un barracón de castigo, encadenado al séptimo arte.....nuestro crítico, César Bardés.

Gervasio Navío Flores.


Artículo sobre Los viajes de Sullivan, por César Bardés


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jueves, 5 de octubre de 2017

152 - Grupo Salvaje 1969















Estos salvajes tienen las manos curtidas, arrugas en el rostro, huelen a sudor y alcohol, con el revólver en el cinto y el alma rota, por supuesto que son hombres de otra época. Estos tipos conocen la figura de los buitres, otean a sus perseguidores, a esos cazadores de recompensas que sirven a Harrigan, el maligno representante de la legalidad. Existe una justicia ciega, la camaradería y la unión por la sangre de estos compañeros de fechorías, con un jefe valiente y sereno, Pike, que procura parecer fuerte aunque no pueda con su cuerpo, cuando el golpe al banco es otro fracaso y en las bolsas no hay oro sino arandelas. Dutch admira a su jefe, lo conoce bien, desde el momento que Mapache y sus secuaces deciden quedarse con Ángel, Dutch ya sabe que su jefe volverá a la aldea.
Sam Peckinpah se vacía en Grupo Salvaje, su último cartucho de dinamita es la batalla final, una orgía de sangre entre una banda de héroes sucios y un ejército de mexicanos, insurgentes contra Pancho Villa en plena revolución. En la retina del cinéfilo queda para siempre el ralentí de la muerte explícita, los planos intercalados en secuencias de estructura perfecta, la inicial del atraco, la del ferrocarril, los ojos llorosos de Ángel, primero de desamor, después de pánico, y Warren Oates enloquecido, asido a una ametralladora hasta el final. Pike decide volver a la aldea para llevarse a Ángel, y Lyle responde "¿Por qué no?", la suerte está echada. Los cuatro crean un plano enorme, cada uno porta el arma a su manera, en un ejercicio plástico de simetrías mitológicas, alacranes acorralados por el fuego, pero ellos morirán matando.

Raúl Gallego.

Esta noche en Radiopolis nos bañamos en barricas de vino mexicano....

José Miguel Moreno modera, con Gervi Navío, Raúl Gallego, y nuestro crítico de cine César Bardés.


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Artículo sobre Grupo Salvaje, por César Bardés

La vida es violencia

Sam Peckinpah es uno de los grandes, y Grupo Salvaje es su obra maestra, su testamento, el epítome de su cine, porque aquí está el lirismo y la poesía de Ford, la camaradería y los códigos de amistad entre hombres de Hawks, el fin de la frontera.
Los títulos de crédito de Grupo salvaje son una declaración de lo que es la película, la alternancia de puntos de vista, los atracadores, la emboscada de los cazarecompensas y el grupo de niños que simplemente juegan, un juego macabro e inocente al tiempo: echar a un escorpión a hormigas hambrientas para que lo devoren poco a poco, y luego, prender fuego a las hormigas, esa terrible verdad es la película, la violencia gratuita del tiroteo termina con los niños imitando los disparos con sus manos...La vida carece de valor, de sentido. La muerte marca desde el inicio a los personajes, a todos, con esa explosión final que jamás se había visto, un río de violencia del que la civilización, todos hemos salido, ese tiroteo demente libera de sus demonios al grupo salvaje, los redime, un sacrificio de locura y muerte, lleno de mitología..... Peckinpah utiliza la violencia para ese mensaje, el paseo de Pike, Dutch, Lyle y Tector para ir a rescatar a Ángel de las zarpas de Mapache, está lleno de simbolismo, van a rescatar a un compañero de armas, que no los ha delatado, al que están torturando sin piedad, van a por un amigo, es un camino sin retorno, del que no regresarán, y lo saben, por eso han pasado la noche en el prostíbulo, esa es su despedida, su purificación...sin palabras saben lo que hay que hacer, es la decisión correcta, es el pago por sus pecados...es un acto de justicia y honor en un mundo desalmado.....es Sam Peckinpah en estado puro, coherencia Peckinpahniana, viejos códigos morales que no encajan en el nuevo mundo, cuando tu palabra vale más que nada, cuando no arrugarse y morir con valentía es lo que cuenta, como el nieto de Sykes, el Honor del Guerrero ...
Es fascinante, por eso la violencia moral está tan presente, la del cacique despótico y sanguinario, la del representante del ferrocarril inmisericorde, la de los cazarecompensas que expolian a los muertos y no respetan la vida..... corrompidos por el dinero, el poder....ésa violencia, es mucho más terrible que la violencia explícita, que la sangre o ver cómo los disparos atraviesan los cuerpos....es muy elegante que no muestre la muerte de esos indeseables, que solo oigamos los disparos y veamos al viejo Sykes con los caballos, mientras Deke rumia la muerte de su amigo Pike.....es brillantísimo, grande Peckinpah.
La frase del viejo Don José, es reveladora: "Todos soñamos con volver a la niñez. Aun los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores"  Hay está la esencia de la película, todos son pecadores, personajes malvados pero que una vez fueron niños, inocentes. Sam Peckinpah regaló al mundo en 1969 un Western total, ya no se hacen películas así, sencillamente porque ya no hay tipos como Sam Peckinpah, salvajes, libres, amargos...románticos hijos de puta.

 Gervasio Navío Flores

sábado, 30 de septiembre de 2017

151 - Historia de mi Muerte 2013





En Historia de la meva mort, Albert Serra se saca de la manga una idea peregrina, unir en el mismo film el modelo racional e ilustrado de Giacomo Casanova, sus bajas pasiones y su decadencia, con el romanticismo del Conde Drácula, la violencia de la sangre y la oscuridad de las tinieblas. Las luces que iluminan los campos de los Cárpatos van apagándose, el Casanova en horas bajas espera que la mierda se convierta en oro, la oscuridad derrota al conocimiento, la barbarie a la elegancia, a la fineza de los tiempos pasados, y todo esto es un pretexto para que Serra nos acerque sus imágenes surrealistas, su estética única, sus bueyes desollados, sus árboles sangrantes, sus doncellas lánguidas, cine de planos quietos y tomas largas que parecen aguardar la respuesta definitiva, quizá cuando el sol se ponga tras los caserones.
Vendrá la revolución y cortarán cabezas, comenta el aristócrata a Pompeu en una de sus tardes ociosas, el sirviente asiente, respetuoso. Casanova no confía en el futuro de la humanidad, se ríe de sus propias heces en un recipiente de porcelana, y se va a buscar en una carreta al mismo Conde Drácula en tierras rumanas, en un golpe de efecto inaudito y transgresor, como toda la obra del director catalán. Serra rueda horas y horas de metraje en formato digital, busca el momento sublime, prescinde de la narración y persigue el gesto, la máscara engañosa, la creación barroca, el comentario lúcido. Los clarooscuros se funden con el entorno y los personajes, y las sensaciones priman sobre el relato. Serra no trabaja con un guión terminado, plasma la naturaleza, el instante perfecto, la grieta entre el mito y la realidad, el sonido de los grillos, la luz mortecina de unas velas que alumbran a un grupo de comensales en torno a una mesa al raso. Ríen, comen, se besan, festejan la vida. La modernidad de Albert Serra y su lirismo cinematográfico de bufones que lloran y ríen, que viven el exceso. Un cine original que traspasa y confunde, que nos oprime en la noche más larga, y nos deja fuera de plano.

Raúl Gallego.

Masticamos las semillas de la granada y bebemos vino suizo en el estudio de Radiopolis esta noche…

José Miguel Moreno presenta, con Manuel Broullón a la siniestra, y Raúl Gallego al teléfono desde un búnker.



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viernes, 22 de septiembre de 2017

150 - Bird 1988


























El sonido de un saxo alto atraviesa la noche. Clint Eastwood nos trae a Charlie Parker, a Bird, la pantalla en negro, del escenario una figura recortada por las sombras eleva el Jazz a otra dimensión, un músico adelantado a su tiempo, un hombre destruido, envejecido, con apenas treinta años. En 1988 Eastwood regalaba a melómanos y cinéfilos una de sus primeras obras maestras, el retrato de una leyenda, Charlie Parker, su gloria y su derrota, asesinado en 1955, por el alcohol, la benzedrina, la marihuana, la heroína....por Bird...por la soledad y la angustia que acompañan a los genios, murió con 34 años pero su legado es eterno. Charlie Parker: Talento visionario, mezcla de técnica y velocidad, lógica y lirismo, pasión e inteligencia, iba mucho mas allá del terreno puramente experimental, el Jazz moderno nace de su búsqueda, de su saxo, de la otra mitad de su latido, de la trompeta de Dizzy Gillespie, de un puñado de jóvenes revolucionarios, Max Roach, Miles Davis, Monk, Powell, Potter, Jordan... Eastwood tuvo la ayuda de Chan, la viuda de Parker, que le entregó muchas grabaciones inéditas de solos del genio, Clint recurrió a su amigo y compositor habitual, Lennie Niehaus, un gran arreglista, además de un soberbio saxofonista que dominó la escena del West Coast Jazz, y sobre todo un admirador de Parker, para el reto que le propuso Eastwood consiguió algo fabuloso: unir ayer y hoy. Rescató esas grabaciones antiguas, las aisló con un descomunal trabajo de ingeniería musical, y se regrabaron los temas con músicos actuales de primer nivel. El trabajo es extraordinario, asistimos en primera fila a las actuaciones de Bird, literalmente volamos con él.
Sartre: “Los genios no conocen su propia valía” Bird si conocía la suya, pero esa consciencia nunca fue suficiente para espantar los demonios, o tal vez, la frustración de saberse el mejor y no recibir todo el reconocimiento que merecía fue lo que no le permitió salir de la espiral de autodestrucción que fue su vida. La fotografía es simplemente impresionante, el trabajo de Jack N. Green es increíble, una iluminación bajísima, prácticamente sombría. La oscuridad actúa como una gran metáfora de la visión trágica que Charlie Parker tiene de su propia vida, unas sombras que sólo se dispersan cuando el foco del escenario se enciende para él, o mejor dicho, la luz emana de su propia figura....Eastwood debe estar orgulloso de haber hecho realidad un viejo sueño, quizás, haya sido demasiado fiel al guión de Oliansky, pero el resultado es magnífico. Forest Whitaker era prácticamente un desconocido cuando Eastwood le ofreció ésta gran oportunidad, su interpretación es soberbia, llena de matices, contenida, es capaz de mostrarse frágil, sensible, encantador, un auténtico seductor y a la vez ser un tirano miserable, hundirse en el agujero de la heroína y el alcohol, dejarse arrastrar por sus demonios, incapaz de conservar aquello que más ama por culpa de sus propias debilidades, transformándose en el escenario, al instante siguiente, canalizando sus emociones y ese dolor a través de su música. Diane Verona, Chan, da la réplica a Whitaker con soltura, compone a esa compañera que lo ama profundamente, el refugio al que volver después de cada descenso.

Extasiados por el vuelo de Bird, dejamos que la torre de Radiopolis gima con la negrura de Parker.
A la dirección José Miguel Moreno, contertulios, Raúl Gallego, Gervi Navio, y desde el sanatorio de Camarillo, transcribiendo Jazz y Cine mientras el sol se oculta, nuestro crítico César Bardés.

Charlie Parker leía a Dylan Thomas, pero su poeta preferido fue siempre Omar Khayyam, os dejamos unos versos del alfarero persa y un Bonus track para los fieles que escuchan los podcasts hasta el final, el tema Embraceable you de las grabaciones para Dial Records en 1946. No hacen falta más palabras, dejen que Bird los arrastre y los envuelva con sus alas....
"Ven, llena la copa y arroja al fuego de la primavera tu invernal hábito de penitencia; el pájaro del tiempo está volando, y tiene corto camino para aletear."

 Gervasio Navío Flores.


 Artículo sobre Bird, por César Bardés


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viernes, 15 de septiembre de 2017

149 - Campanadas a Medianoche 1965

















¡Jesús, las cosas que hemos visto, Sir John!

Sentados en torno al fuego una noche de nieve, los dos viejos amigos recuerdan el tañido de aquellas campanadas a medianoche, por supuesto que las escucharon, aunque a Falstaff no le agrada recordar el pasado, asiente, cercano y apacible, recuerda y mira las ascuas que se consumen. Falstaff ama el sabor del jerez, el calor de las mujeres, la anciana posadera lo sabe bien, y quiere a ese rufián hinchado y vividor, como la ramera Doll, como el maquiavélico príncipe Hal, que ha conocido la vida de la mano de su maestro de juergas, de su tragón y burlesco compañero de correrías.  Falstaff es un niño, vive el presente, no mira al pasado, menos al futuro, tampoco cree en el honor, se hace el muerto en la batalla, es cobarde por instinto. Dénle un barril de vino y una pierna de buey y será libre.
Orson Welles impresionó con este brillante guión, fusión de pasajes de varias obras de Shakespeare, entre ellas Enrique IV, partes I y II, Enrique V, y Las alegres comadres de Windsor. El repertorio de planos fascina, con un dominio técnico digno de los grandes genios, las tomas en el castillo de Enrique IV, la luz que se filtra por los ventanales, el perfil de Gielgud entre sombras, Maese Shallow y Sir John caminando entre la nieve nocturna, Falstaff y su oronda armadura, los jinetes surgiendo de la bruma, planos con cámara al hombro en en la refriega sangrienta, sólo falta que el barro nos salpique.   El niño con barbas y nariz de bufón, el caballero borrachín no soportará la traición postrera. Arrodillado, humillado, la mirada rota y temblorosa. La grandilocuencia del maestro Welles ilumina las letras del bardo de los ingenios.

Raúl Gallego.

Esta noche acompañamos a Maese Shallow y Sir John por el bosque nevado y escuchamos las campanadas de otro tiempo…

José Miguel Moreno presenta, con Raúl Gallego, Gervi Navío, y nuestro crítico decine César Bardés.


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Los rayos de luz que hieren las ventanas de palacio parecen buscar al joven príncipe Hal para bañarle con el sol de su grandeza. Es posible que sea ya un joven perdido para regir los destinos de Inglaterra o, tal vez, puede que lleve sobre su cabeza parte de la culpa de su padre que obtuvo el trono con usurpación y alevosía. Para evadirse de su conciencia, comparte su tiempo con un viejo tonel de vino y lujuria llamado Jack Falstaff. Para Hal, Falstaff es su padre, el hombre con el que comparte tontas chanzas, burlas a la sangre real, pequeños atracos cuyo botín dura solo una noche y mujeres que saltan de cama en cama esperando el siguiente chelín. Sin embargo, hay algo más en todo ello. Falstaff, a través del juego y de la mentira, le enseña a Hal cuál es el destino que le espera, rodeado de falsedades, de falaces hombres que solo alabarán su realeza mientras conspirarán contra él, de amores mendaces y frugales, de amigos que le clavarán un puñal en la espalda en la primera oportunidad. Falstaff le enseña a Hal cuál será su reino y, por el otro lado, de qué se tendrá que preocupar.
El único error del viejo y gordo Falstaff es que esperará una recompensa que siempre le será negada. Él no puede ser el amigo para todo de un rey, ni su consejero más leal, ni el más cercano de sus súbditos. Falstaff está condenado a morir repudiado, con el cariño negado y en fuga, en un simple y viejo ataúd de madera que atravesará los campos yermos de su ilusión en busca de la siguiente correría de pícaro. Juntos oyeron las campanadas a medianoche, pero nunca podrán escuchar el canto del gallo.
Los excesos se pagan y Jack Falstaff pone la mano allí donde hay dinero, huye en la refriega más vital, se revuelca en el lecho con la mejor de las prostitutas y olvida su lugar en el mundo. No es más que una figura ridícula que trata de aparentar una falsa hidalguía que jamás tuvo. Trata de aparecer como el más inteligente de los hombres cuando, en realidad, tiene que luchar todos los días por tener un puñado de monedas en el bolsillo e hincharse de vino. Pero llora de amor por quien más quiere, y acepta la humillación pública que le infringe un rey, porque él sabe que es de esas personas que tienen que ser humilladas…aunque solo sea para demostrar que Hal, su Hal, es el mejor rey.
Orson…cuánto debiste querer nuestra tierra para convertir los áridos campos de Castilla en los verdes prados de Inglaterra, cuánto debiste amar a Shakespeare como para traerlo hasta España y realizar una película tan hermosa sin dinero y sin tiempo. Las cosas que has visto…


César Bardés

domingo, 10 de septiembre de 2017

148 - Ser o no ser 1942























"Es el rey en su dormitorio, con los tirantes caídos; es el gondolero veneciano que arrastra la basura a la luz de la luna y se pone a cantar románticamente; es el marido que cuando su esposa parte de vacaciones le despide con el llanto en los ojos y luego se precipita como un loco hacia el teléfono más próximo para llamar a su enamorada. Es algo que se basa en la teoría de que por lo menos dos veces al día el ser humano más dignificado tiene esos momentos ridículos”. (Lubitsch sobre su famoso toque).


 A lo mejor es sólo eso, una cuestión de elección, sin más, o se toman las cosas, se aceptan, o no, y va uno refunfuñando, dolorido, dando patadas y saltos para que se nos note la ofensa y es entonces cuando estamos salvados. Lubitsch no es un cínico, no le hace falta, quizá no vivió, ya madurito, el momento real que le estaba envolviendo, lleno de desconfianzas y que sí hizo de su endemoniado alumno Wilder un genio triste y amedrentado. No, el maestro, sería capaz, con una inocencia inaudita y audaz, nada dada a lo alemán, de hacer una comedia culta, de excelsas formas lingüísticas, metacinematográficas y de crítica de costumbres burguesas, de poner en pie de guerra a su país de adopción que no quería eso: La Guerra. La América del New Deal, tan ensalzada desde entonces, comenzaba un peligroso juego desde un tenue rechazo al fascismo. En lo artístico se buscaba la renovación de formas, que proponían un conservadurismo cínico nada enraizado en su fundacional declaración de derechos. Y llega él, Lubitsch, como hicieron otros de su tierra, trayendo aires nuevos de una Europa a punto de explotar, haciendo con la palabra lo que hizo con la imagen su colega Murnau, no un reformador sino un creador mismo que hizo avanzar el cine hasta mucho después de su falta, aireando a la par la mirada del hombre moderno con sus contradicciones y querencias, sin esa cristiana condena, de aceptación ritual con la que se erguía una casta, que construía sentencias.
El sexo primario, las envidias, el ego o la más absoluta soledad, las cosas que de verdad nos preocupan, no oscurecen nuestro deber de hombres, y nuestro compromiso social, que no obstante se hallan a la espalda y necesariamente subordinados a esas dolorosas cuitas que sentimos tan cerca y que en realidad nos definen. Amaba la vida este hombre, siempre cantándola, y buscaba en el drama íntimo las causas de las guerras, de las paces venideras, que hacen del mundo un lugar que merece la pena.

José Miguel Moreno


 Esta noche en Radiopolis queremos ser la Resistencia, y preguntamos por Ana Karenina en una librería de Varsovia….

 José Miguel Moreno modera, con Gervi Navío, Manuel Broullón, Raúl Gallego, y nuestro crítico de cine desde Madrid, César Bardés.


 Artículo sobre Ser o no ser, por César Bardés



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jueves, 3 de agosto de 2017

147 - Especial Akira Kurosawa























Un caballo a galope, el jinete espolea su montura, contrae sus facciones salvajes, al fondo un cielo que presagia tormenta. Hoy recordamos la fuerza, el ritmo y la épica de un director inusual , de un artista japonés al que llamaban el emperador, "Tenno". Como descendiente de samuráis, Kurosawa procuró seguir los dictados del código bushido en su propia vida, el código de honor de sus películas de samuráis y ronin, de los Rashomon, Yojimbo, Sanjuro, de los Siete Samurais, quintaesencia de su legado. Su humanismo subyace en la base de toda su obra, de Dersu Uzala, la historia del cazador solitario, o Barbaroja, el médico acomodado que se enfrenta a la pobreza, películas que lo encumbraron en el Olimpo de los grandes realizadores mundiales. Kurosawa comenzó a destacar como guionista en sus tiempos de ayudante de dirección de su sensei o maestro, el director  Kajiro Yamamoto, y se dio a conocer en el mundo occidental ya en los 50 con Rashomon, su relato caleidoscópico sobre un crimen, que impresionó a propios y extraños, ya contaba con la poderosa presencia de su actor favorito, Toshiro Mifune. Kurosawa amalgama su amor por las tradiciones japonesas, por el teatro Noh, por la historia feudal de sus antepasados, y su admiración por las formas occidentales, por la agilidad del cine que se hacía allende el Pacífico. El hombre que filmaba los veranos tórridos y los inviernos helados, las tormentas de nieve, la lluvia y el viento, como nadie, que tan bien integraba en su cine, desde su primera La leyenda del gran Judo a sus tardías explosiones de composición  y color, Kagemusha, la sombra del guerrero y Ran. Adaptó brillantemente a Shakespeare y sus universos de realidad y ficción, a sus personajes majestuosos o necios, serenos o agitados. En Trono de sangre,  su particular Macbeth trasladado al Japón feudal, y El rey Lear en Ran, también a su admirado Dostoievski en El idiota, que no obtuvo buenos resultados en taquilla. Autor visceral, fatalista, melodramático en ocasiones, épico, moral, bucólico, humanista ante todo,  joyas imperecederas como la obra maestra Ikiru, el Umberto D japonés que se aferra a la vida, o su pintura en celuloide sobre la pobreza, Dodes'ka-den, entre vital y abúlica, reverso de su anterior Los bajos fondos.

Raúl Gallego.

Esta noche José Miguel Moreno y Raúl Gallego comparten una botella de sake y un poco de miso, recordando al maestro en Radiopolis.


 Artículo sobre Akira Kurosawa, por César Bardés


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