La Gran Evasión

La Gran Evasión

sábado, 21 de abril de 2018

178 - Corredor sin Retorno 1963

























Jugar con los intersticios del cerebro no es recomendable. La ambición de un reportero, obsesionado con ganar el Pulitzer, puede llegar a ser temeraria. En la secuencia inicial, su novia lo avisa, te vas a meter en la boca del lobo. Mark Twain no tuvo que psicoanalizar a Huck Finn o Tom Sawyer para escribir un buen libro, simplemente era buen escritor. Andrew Sarris afirmaba que la fuerza artística con que Fuller expresaba sus ideas hizo grandioso su cine. Drama, expresionismo, terror, periodismo de investigación, historia viva de los USA, sexualidad enfermiza, y una espléndida fotografía de Stanley Cortez (La noche del cazador, El cuarto mandamiento).
La claustrofobia, la pesadilla en un cuarto insonorizado con ventanas selladas. Bienvenido a la vida en el sanatorio. Johnny Barret tiene pesadillas, Cathy se le aparece en sueños bailando, en el tugurio donde echa a perder sus encantos. De ese hospital no puede uno salir muy bien de la azotea, Johnny. Fuller nos adentra en un microcosmos de los Estados Unidos de los sesenta. Un tipo traumatizado de la guerra de Corea, abducido por los comunistas, ahora se cree un mando del Ejército confederado, uno de los primeros estudiantes negros que entraron en la Universidad, ahora el fundador del Ku Kux Klan, un científico nuclear de la guerra fría con la mente de un niño de seis años. No hay salida de ese corredor donde los golpes de los internos resuenan en los tímpanos,no te puedes esconder, Johnny. Los gorgojeos del loco Pagliacci cantando por el barbero de Sevilla, mientras, la lluvia arrecia y los truenos retumban. Cuanto más se acerca a la verdad, más expuesto está uno. Los celadores controlan tus movimientos, Johnny , los electroshocks ayudarán a serenar tus nervios. El obseso sexual necesita tratamiento, la catatonia es la salvación.

Raúl Gallego

Esta noche nos sometemos a una nueva sesión de hidroterapia en Radiopolis...

José Miguel Moreno, Gervi Navío, Raúl Gallego, y nuestro crítico César Bardés.

Bonus Track: Welcome Home (Sanitarium) - Metallica

Artículo sobre Corredor si retorno, por César Bardés

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sábado, 14 de abril de 2018

177 - La leyenda del indomable 1967

























Magnifica parábola este Cool Hand Luke, todo un análisis de esos soldados que regresaron de la segunda guerra mundial y se trajeron la guerra con ellos, una premonición de la desconexión con el sistema, que llegaría en los años sesenta, pero la película es mucho más, de fondo, deja profundas reflexiones: Preferir la muerte a vivir entre grilletes, el Sacrificio que conlleva una autentica amistad, el Precio a pagar por tus Principios, la Dignidad del ser humano, el Cruel y Brutal sistema penitenciario, la Religión, la Forja de los mitos, esos Mártires que todos necesitamos, para no rendirnos, para no olvidar lo que somos, hombres, ni bestias, ni esclavos, simplemente, Hombres.
La película de Rosenberg se mueve por el gran guión de Donn Pearce y Frank Pierson, basado en la novela, con trazos autobiográficos, de éste último, con emoción y cine, transita por la voluntad de Luke a través de escenas míticas, que ya forman parte de la historia del cine, la de los huevos, el alquitranado de la carretera, la llegada de la madre, el símbolo fascista y represor de ese guardián con gafas de espejo, el sadismo del Capitán, el sometimiento de la voluntad a partir de la rutina, de las reglas. Luke es un canto rodado, un insurrecto por genética, su obstinación es admirada por los reclusos y también rechazada, lo convierten en un ídolo, al que adoran primero y repudian después, otra alegoría cristiana. Para ser una leyenda, un mártir, debe haber un sacrificio, una entrega, unos “milagros”, que son sus hazañas… Pocos confían en ese espíritu, incluso los espectadores nos creemos su rendición, cuando lo atrapan por segunda vez, su sometimiento, tras la escena de la zanja, terrible, literalmente cava su tumba y se sepulta, su cuerpo se rinde pero su alma…NO. Se convierte en un mártir y tiene sus apóstoles, su acólito, Dragline, George Kennedy, su misión será mantener vivo el recuerdo de Luke, de un tipo indomable que realizó prodigios increíbles, y que sobre todo, era su amigo. Paul Newman está pletórico, nos brinda una gran interpretación, el Oscar se lo arrebató Rod Steiger por En el Calor de la noche (Jewison), pero Luke merecía la estatuilla, ese laconismo con el que se expresa, sólo habla para sentenciar, brillante. Consigue transmitir esa terquedad con su presencia, con su actitud ante el poder y la autoridad, fue ascendido y condecorado en la guerra, pero también degradado a soldado raso, ante alguna injusticia que no permitió, es un rebelde que no sabe que hacer ni como actuar en el mundo civil, siempre fuera de lugar, incapaz de acatar las reglas, los corsés sociales. Romper unos parquímetros le acarrean dos años de trabajos forzados… Los secundarios, vistos hoy en día son tremendos, Hopper, Dean Stanton, Strother Martin, George Kennedy, a destacar el breve, pero inolvidable papel, de la madre de Luke, Arletta, la gran Jo Van Fleet, una actriz de teatro inmensa, que en apenas unos minutos deja marca. La película realiza una clara denuncia de la crueldad penitenciaria, de los abusos de poder, de la vileza de los poderosos, el despotismo, la arbitrariedad y el sadismo de los jefes, acrecentado con ese “Jefe, ¿puedo...?” Todos deben pedir permiso, para secarse el sudor, para quitarse la camisa, para beber agua, hasta para mear, una humillación constante. La fotografía de Conrad L. Hall es muy importante, la narración se nutre de esa estética realista, notamos el calor, el sofocante calor, los sudores, los mosquitos, la atmósfera opresiva del barracón, los atardeceres llenos de simbolismo y libertad, con las siluetas de hombres engrilletados, esos crepúsculos desde una carretera interminable, geniales, ademas utiliza muchos ángulos ingeniosos, ver la fuga a través del reflejo de las gafas del jefe, las tomas desde arriba de Luke en la escena de los huevos, prácticamente un Cristo crucificado.
El ritmo es pausado, pero cuando la historia lo requiere, salimos de la rutina y respiramos con los prodigios de Luke, ahí el montaje y el ritmo se aceleran, como en la primera fuga y su astucia para despistar a los sabuesos, otro golpe más a la conciencia, pues se siente más la muerte de un animal que la de un preso. Todo el conjunto está apoyado en una genial banda sonora de Lalo Schifrin, mezclando esos temas de guitarra y banjo, llenos de sentimiento y dolor, canciones populares del sur, de esos desposeídos, y las mezcla, con la emoción del uso de instrumentos de viento. Schifrin era un auténtico maestro en melodías.
Bonus Track: Os dejamos como bonus un par de maravillas, otro tema de la banda sonora de Schifrin, el del concurso de comer huevos duros y una versión del Cotton Field, a cargo de la Creedence Clearwater Revival, que aparece en su memorable disco "Willy And The Poor Boys" (1969). Disfrutad de la libertad. -Egg Eating Contest -Cotton Fields

Gervasio Navío Flores.

Huimos del campo de trabajos forzados de Radiopolis, despistando a los sabuesos…..

José Miguel Moreno, Gervi Navío y nuestro crítico, César Bardés

Artículo sobre La leyenda del indomable, por César Bardés

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jueves, 5 de abril de 2018

176 - La joven de la perla 2003



















Suplicantes me miran tus ojos
como las olas que en alta mar
preguntan entre espumas por sus islas.

Porque ese beso prohibido que todavía aturde
las vocales de nuestros labios
me ha condenado para siempre
a amarte a distancia y a ti,
a permanecer en dolorosa lejanía.

Antes de iluminar con tu perla
la sombra que te reclama y te castiga
te detienes para mirarme por última vez

pidiéndome que te haga compañía,
como si yo, impedido a este lado del tiempo,
pudiera acompañarte,

como si tú, atrapada en un cuarto
de la vieja ciudad de Delft,
hubieras olvidado por completo
que únicamente existes

para despedirte.

Estos versos de Ramón Cote Baraibar constatan la fascinación que el cuadro de Vermeer, La joven de la perla, lleva siglos provocando, es una mirada, una historia de amor imposible, el relato de unos ojos anhelantes, esperando algo, que no iba a suceder nunca.
Peter Webber, en 2003, nos transporta a la Delft del siglo XVII. Una obra de arte que inspira una historia de amor, cautivado por la figura de esta misteriosa joven, de uno de los cuadros mas importantes de la pintura, de un maestro absoluto de la luz. Una figura, una muchacha, que muestra una mirada de sorpresa, un momento atrapado siglos antes, con unos labios sensuales y carnales, y a la vez, con unos ojos de una tristeza infinita, con un reflejo en una perla, que cuelga del lóbulo izquierdo de la oreja, para equilibrar la composición….pues de esa reflexión nació la novela de Tracey Chevallier y de esa historia, la película de Peter Webber, una obra estética deslumbrante, minuciosa, una armonía casi perfecta entre pintura y cine.

La película rezuma comunión artística, con varias visiones del amor, romántico, carnal, platónico, artístico. El director nos muestra dos mundos que no pueden mezclarse, tanto las clases sociales, como las tendencias religiosas (Criadas y Señores, Calvinismo y Catolicismo).

Peter Webber es un director británico, curtido en televisión y documentales, La joven de la perla es su debut, la fotografía de
Eduardo Serra es portentosa, prácticamente cada secuencia es un cuadro de Vermeer, es maravilloso intentar encontrarlos en la película...

Un Film impensable sin Scarlett Johansson. Está perfecta como Griet, como se ilumina su rostro al descubrir el estudio, los contrastes con su piel blanca, la cámara oscura, su desazón ante Cornelia, la actriz mezcla de forma maravillosa esta sorpresa y su encanto natural, como va descubriendo el mundo de Vermeer, magnífica su recreación de Griet, humedeciéndose los labios, hay erotismo y belleza en cada composición.

Colin Firth logra construir un Vermeer intenso, muy cercano a lo que pudo haber sido, un voyeur, obsesionado por las mujeres, por su belleza, por su misterio, explotado por Maria Thins, su suegra (Judy Parfitt) y Van Ruijven, el mecenas (Tom Wilkinson). Firth consigue una química perfecta con Scarlett, con Griet, sentimos esa comunión intima, ella se enamora del artista, él de la musa…de la inspiración.
La película también es un acercamiento al pintor holandés J. Vermeer, que es conocido por su tratamiento de la luz, de la textura, la perspectiva y los colores trasparentes. Supo reflejar con gran maestría la luz sobre los objetos, era un auténtico seductor visual. Johannes Vermeer apenas llegó a pintar 35 obras, todas maestras, en parte debido a su tortura para lograr la creación perfecta y a su temprana muerte en 1675 a los 43 años. El cuadro de la gentil desconocida, Joven con perla, La Gioconda del Norte es el paradigma de su pintura. La fabulación de Chevalier sobre la identidad de esta joven nos lleva a esta preciosa historia de amor, vemos como Griet se dejará llevar por toda la sensualidad que despierta el pintor, el misterio que lo envuelve en su labor de creación. Hay varias secuencias donde resplandece ese deseo y admiración, cuando se quita la cofia y deja libre su pelo, es practicante verla desnuda, el azoramiento de Griet y los ojos del Voyeur. El culmen sin duda es la Escena del lóbulo, cuando el pintor horada la oreja de la muchacha para insertarle el pendiente de perla y poder así retratarla, es de un erotismo, tan exacerbado como romántico. Cuando le perfora la oreja, es como si la estuviera desflorando, como cae una lágrima que expresa tanto.....dolor, amor, vergüenza, placer…es maravilloso, porque capta ese mundo inaprensible de la creación, del éxtasis.

Nos dejamos arrastrar por la hermosa banda sonora, compuesta por Alexandre Desplat, y totalmente abstraídos por los ojos de Griet, contemplamos desde la torre de Radiopolis cada equilibrado punto de luz…..
José Miguel Moreno, Raúl Gallego, Gervi Navío, Francisco Vallecillo (Trasunto de un Van Ruijven locamente enamorado de Griet) y nuestra musa particular, Isabel Moncada.

Gervasio Navío Flores

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lunes, 26 de marzo de 2018

175 - Seven 1995

























“Largo es el camino que conduce del infierno a la luz” John Milton

Vivir solo, el silencio sólo se rompe con el pulso de un metrónomo, con el sonido de la lluvia. La vida de Somerset descansa en el orden. Coloca los objetos sobre la mesa, su placa, su navaja, su arma reglamentaria. Fuera, en las calles de una ciudad negra, impera el crimen. Como en la jungla de asfalto de Huston, Los Ángeles de El club de la lucha, el New York de luces de neón de Ridley Scott. Somerset se va a jubilar en breve, ya lo merece, y de pronto un caso complicado surge de las entrañas del mal. Su pareja para resolver el caso resulta ser un novato, un aspirante a Serpico. Mills busca curtirse en la gran ciudad, sin experiencia e inseguro, basa su felicidad en su esposa y su perro. Demasiado pronto para él, ya le avisa su compañero.
Un asesino en serie anda haciendo daño, el siervo del demonio, acaso el demonio mismo, impone su justicia. Su misión, el castigo de la humanidad. Siete son los pecados capitales, siete tránsitos por el purgatorio hacia la salvación o la agonía eterna . Como en un juego de rol del averno elige a sus víctimas, las estudia, las disecciona con el punzón de su locura. Las consecuencias atroces de cada crimen revuelven el estómago, erizan las piel.  La gula, la pereza, la lujuria, la codicia, la soberbia, la ira, y la envidia son las pautas que le guiarán a su elegidos: un obeso mórbido, un pedófilo, una prostituta, un abogado, una modelo, y así hasta completar el número sagrado, el siete que personifica la envidia. John Doe, artista, asesino, culto, fotógrafo del pánico, rata de biblioteca, taimado, sereno, manipulador. En la secuencia en que Mills y Somerset lo conducen al punto final de su macabro plan, el psicópata observa a sus captores a través de la reja que los separa, el juego de miradas entre los tres personajes es inaudito. Mills no dudaría en matar con sus propias manos a su presa, un cínico Kevin Spacey transmutado en villano observa con media sonrisa al policía rabioso, mientras tanto el conductor mira de reojo a su compañero, y por el retrovisor al criminal. Morgan Freeman vuelve a estar magistral en este thriller de culto dirigido por David Fincher. El teniente no se retirará a su casa de campo, no puede, su misión es quedarse, vigilar, lanzar la navaja directa al centro de la diana.

Raúl Gallego.

Esta noche intentamos componer el puzle en la escena de crimen de Radiopolis…

José Miguel Moreno, Raúl Gallego, Gervi Navio, Paco Vallecillo (trasunto de un John Doe envejecido, al que nunca atraparon), Isabel Moncada y nuestro crítico, César Bardés.

Artículo sobre Se7en, por César Bardés

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En 1995, David Fincher nos obligó a echar un vistazo a la podrida alma de cualquier ciudad moderna, y lo que vimos, y seguimos viendo hoy en día, es un mundo deshumanizado, una sociedad enferma de soledad, una epidemia para la que sigue sin haber cura. La historia de Seven te atrapa por su estética y por su fondo, cuenta con uno de los finales más potentes del cine. Te llena de desazón esa sociedad enferma que nos muestra, donde se han perdido los valores. Accedemos al terrario y observamos el aislamiento del hormiguero al que el hombre ha sido arrojado, el individualismo predomina, la religión confunde aún más, el conocimiento atormenta aún más, ese John Doe, da miedo porque puede ser, o es real, por imposible que parezca, porque parte de razonamientos lógicos, tiene un fin intelectual, ese mundo apocalíptico que retrata…..está aquí, somos nosotros.
El guión de Andrew Kevin Walker y la dirección de Fincher, desmenuzan los males de la sociedad moderna, una ciudad desquiciada, moribunda, con ese aire apocalíptico, es inevitable pensar en Blade Runner, la lluvia, la oscuridad, el desencanto, los interiores decadentes. La aparición de John Doe, un Kevin Spacey excepcional, es sorprendente, un psicópata que es más un ángel exterminador, que un loco, tiene una misión divina, como dicen los detectives, nos sermonea…y claro, caemos en la trampa de los argumentos de Doe, ese discurso final en el coche lo delata, y a los espectadores, porque las víctimas de esos pecados también lo son a nuestros ojos, esa denuncia es la que hace Fincher, esa degradación moral a la que hemos llegado…ese desquiciamiento es Seven.
La luz verdosa y ocre de los interiores hace recordar al Klute de Pakula, la fotografía de Darius Khondji es extraordinaria, porque integra lo estético dentro de la psicología de la historia, el estado anímico de los personajes y su viaje emocional, se cuenta a través de la luz, de todo el diseño de producción, de la atmósfera que consigue Fincher, apoyado en la fabulosa banda sonora de Howard Shore. Una pareja de actores grandiosos, es perfecta las escenas de presentación de los policías, con detalles cuidadísimos vemos el carácter de cada uno, son el anverso y el reverso de una misma moneda. Somerset (Morgan Freeman) está agotado de su trabajo, mejor dicho, de lo que conlleva, porque ama su profesión y a la vez se siente inútil ante el mal, que se supone combate. Es pulcro, minucioso, detallista, lo vemos al vestirse y ordenar su trabajo, el detalle del metrónomo y la navaja, es un contrincante formidable para un psicópata formidable, representa la antítesis de es esos pecados que pretende castigar John Doe. Mills (Brad Pitt) es todo lo contrario, es impulsivo, un idealista, su ropa está arrugada, su mundo está en desorden porque persigue un ideal, al que ha arrastrado a su esposa, está superado por la ciudad y a lo que se enfrenta, su inocencia está en juego, no es rival para el mal. Su esposa, una bellísima Gwyneth Paltrow (Tracy) también se esboza con brillantez, es sensible, amable, fuerte, y está terriblemente sola, ama a su marido y se sacrifica por la carrera de éste, la escena del restaurante, esa charla con Somerset cuando sabemos que esta embarazada, es prodigiosa, paga un precio horrible por amor. Cada víctima fue cuidadosamente seleccionada para que “el pecado se revierta sobre el pecador”. Por eso inquieta tanto la película, por la realidad que desprende, esa conducta psicopática, que parece de un mundo de ciencia ficción, es superada por la realidad, y es razonable que el asesino esté indignado por vivir en un mundo en el que los pecados no se castigan, en el que los vicios se alimentan y exhiben…esa reflexión la deja Seven, deja al descubierto la hipocresía, la moral, la ética, la religión, la culpabilidad, la humildad…la Piedad, todos los valores que hemos perdido. En Seven el motivo para vivir del asesino es su obra, su meticulosidad para preparar los asesinatos durante años, su fuerza de voluntad para esa tarea, sentirse el elegido y ser el que despierte al mundo de su letargo, es su objetivo para vivir y su fundamento para morir.
La película termina con unas palabras de Ernest Hemingway, de su novela Por quién doblas las Campanas: «El mundo es un bello sitio por el que vale la pena luchar». Somerset agrega: «Estoy de acuerdo con la segunda parte». Una obra subyugante que se queda contigo y te interpela, todos necesitamos motivos para vivir, para pelear en este mundo desalmado, que puede ser también maravilloso, una vez que encontramos esas razones para vivir, por muy simples que sean, somos imparables…

Gervasio Navío Flores

jueves, 15 de marzo de 2018

174 - Dies Irae 1943




















Impíos como los ojos de la madre de Absalom, como la sombra de la cruz que se cierne sobre los herejes. Dies Irae, el día de la ira, la ira de un Dios aterrador que los hombres utilizan para torturar, quemar a una anciana. Acusada de brujería, huye espantada de las campanas de la muerte, se pone la capa, sola, la cámara la sigue, busca cobijo en un corral, entre los cerdos. Los planos se deslizan de forma horizontal a lo largo contemplamos los represores de una iglesia sin piedad, serenos, despreocupados, van a quemar a una mujer. La voz lastimera ruega piedad: “¡No quiero que me quemen, no quiero que me quemen!” El implacable fanatismo religioso atiza una hoguera que crepita, la mujer atada a una escalera cae de frente sobre el infierno en la tierra. Sobrecogedora ejecución con los cantos de fondo, el Dies Irae suena con voces infantes que no logran silenciar el grito de horror. Silencio. Ad maiorem Dei gloriam.
Después, el amor carnal de Anne y Martin, la libertad de la sensualidad y el poder de la naturaleza destrozarán al ministro de Dios, el pastor Absalom. Los salmos de la madre castradora acallan la alegría de la joven. La crisis, el enfrentamiento, la mortificación, y la traición por fin. Dreyer maldice un mundo de gente que juzga, de inquisidores y acusados, en su visión formal exquisita, encuadres pictóricos, inspirados por las pinturas de Rembrandt, Vermeer, o el danés Hammershøi, armoniosos movimientos de cámara, y una extraordinaria iluminación y vestuario.

Raúl Gallego

Esta noche huimos del martirio, buscamos los abedules, el agua del manantial…

José Miguel Moreno, Gervi Navío y Raúl Gallego.


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Dies Irae, es una obra deslumbrante, de una belleza aterradora, cargada de simbolismo. Es una película de terror, un drama, una historia de amor, un thriller, un conflicto espiritual, un cuadro en blanco y negro que nos muestra la dicotomía de dos mundos, siempre en lucha, juventud y vejez, oscurantismo religioso y libertad, sexualidad y puritanismo. El amor enfrentado a los dogmas de una iglesia decrépita. Dreyer retrata al viejo pastor, rodeado de austeridad, un mundo opresor el de Absalón y su Madre, Merete, una anciana implacable, odiosa, inflexible, ellos son la vejez, el sufrimiento, la mortificación, la oscuridad, el dogma protestante propiamente dicho, es decir, la Muerte. Su antagonista es la luz, la bellísima Anne, que es el amor, la carnalidad, la inocencia al ignorar el pecado, la juventud llena de fecundidad, de deseo, de pasión, que solo desea sentir, amar, vivir, esa confrontación entre Vida y Muerte es la película. Dreyer, como los grandes genios, daba vueltas a sus obsesiones en cada obra, esta es una de las mas grandes, una historia oscura y sombría que sirve al maestro para poner sobre el tapete todo ese temblor y lucha interna con su fe cristiana, la angustia, que definía Kierkegaard como el vértigo de la libertad. Deja al descubierto el dogma eclesiástico puritano, que asfixia y atenaza, una religión que debe ser liberadora, y no coercitiva, esa caza de brujas constante, esa intolerancia es Dies Irae, claro, revestido de arte, porque la plasmación de ese conflicto moral es impresionante. No hay planos superfluos, todo está medido en función de lo que se quiere expresar, hay fotogramas que cuentan toda la historia, Absalón atrapado entre su madre y Anne, las miradas entre Martin y su madrastra, las torturas de Herlofs Marte, con esos clérigos, emulando la santa cena.… un guión lleno de todos los atavismos nórdicos, exprimido por Dreyer, hasta dejarlo en lo esencial, en el esqueleto, el resultado es una película que deslumbra por su belleza, e inquieta por su profundidad, un claroscuro, ahí se nota la colaboración de Karl Andersson, las referencias pictóricas de Hammershoi, Rembrandt, Vermeer, Caspar David Friedrich…maestros de la luz para dar corporeidad a dos mundos opuestos.
Hay múltiples lecturas y alegorías sobre el significado de Dies Irae, es obvio pensar en la ocupación nazi y el papel de Dinamarca en la segunda guerra mundial, la película es de 1943, en plena ocupación, es asimilable que la intolerancia y las persecuciones religiosas del XVII sea una alegoría y denuncia clara al régimen nazi. Otra caza de brujas, con el clima de torturas, sospechas y delaciones que se respiraban esos días, también a la complicidad del pueblo danés, la irracionalidad del colectivo, del propio pueblo alemán, que llevó a Hitler al poder, a través de la eterna falacia de tener que elegir entre seguridad y libertad, todo esa superstición de la que se alimenta el pueblo llano, sin recursos, atemorizado, todo eso queda impreso en Dies Irae, es la obra de un humanista, de un defensor de la libertad y el libre albedrío, un alegato de pasión contra la intolerancia.
La relación entre Absalón y Anne muestra el enfrentamiento que existe entre dos formas de vivir la religión y la propia vida. El pastor llega a decir que “un instante de placer es un pecado escondido”. Claro ejemplo de una religión que parte de la certeza de que la muerte es una liberación y el comienzo de la vida, mientras la vida real es un sacrificio continuo. La obra abarca temas existenciales, con una profundidad asombrosa: El miedo, la fe, la duda, la compasión, la esperanza, el amor, y sobre todo, la religión represiva confrontada con una visión de la fe totalmente diferente, basada en amor, y liberación, todo ese se trata a través del misticismo de Carl Theodor Dreyer. Mientras Herlofs Marte cae de bruces en la hoguera, que es alimentada por la intolerancia de los hombres, mientras Anne sacrifica su vida por amor, mientras un coro de niños envuelve el horror con voces angelicales, mientras la humanidad mata en nombre de Dios…..mi alma también grita desde el desván contra la intolerancia.

Gervasio Navío Flores.

sábado, 10 de marzo de 2018

173 - Ladrón de Bicicletas 1948


















Un tiempo de posguerra, en blanco y negro, desolador, de niños con ropas raídas, suburbios, descampados, hambre y sobre todo pena. La pena de un crío que adora a su padre y lo ve humillado dos veces. En la primera le roban la bicicleta que le iba a dar el sustento, después el desesperado desenlace junto al estadio de fútbol donde juega la Roma contra el Módena. Para su nuevo empleo pegando carteles Antonio Ricci necesita la bicicleta, lleva dos años parado. Su tenaz esposa empeña las sábanas, se puede dormir sin ellas, lo que sea por un salario en casa. De Sica sabe imprimir suspense a la acción, cuando Ricci está fijando el cartel de Gilda coloca la bicicleta apoyada sobre la pared, en el centro del plano,  alguien va a aparecer para llevársela, cualquier chico del arroyo, ya te avisaron, Ricci, ese trabajo era fácil pero había que estar espabilado y atento. La grandeza de esta película radica en la relación entre un padre y un hijo, ambos recorren los rincones de Roma en busca del instrumento de trabajo de un hombre asustado, el rostro curtido, sudoroso, la angustia enfatizada por la música de Cicognini, por los ruidos de una ciudad cansada, la ternura de un niño que quiere a su padre, como es natural, que llora, come mozzarella en una trattoria, sonríe. En la puesta en escena invisible de De Sica la lluvia parece calar, ese niño anda junto a su padre, los dos con el mismo pensamiento, dos almas unidas vagan por los vecindarios, la iglesia donde se juntan los pobres y los ricos, la orilla del Tiber, la casa de una vidente miserable que se aprovecha de la desgracia de sus iguales. Dos actores no profesionales, tan auténticos, Lamberto Maggiorani y el crío Enzo Staiola, cuyos rasgos recuerdan a los niños de Murillo, y la denuncia social de un guión elaborado y desgarrador. El padre dice que todo tiene remedio, menos la muerte, la esperanza, ese niño que ofrece la mano al padre, ahí está la luz entre tanta herrumbre.
De Sica, jugador empedernido, también perdió dinero con Ladrón de bicicletas o Umberto D, lo que contaban era demasiado real, demasiado humano, por fortuna el mundo las puede disfrutar, gracias Vittorio.

Raúl Gallego

Esta noche nos sentamos sobre el bordillo de la acera, entre Bruno y Antonio…

José Miguel Moreno, Gervi Navío y Raúl Gallego.

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sábado, 3 de marzo de 2018

172 - Paterson 2016


























Quizás Paterson no exista. Y sin embargo hay una película, y una ciudad y un hombre que así se llaman. Planos desacostumbrados, poéticos, primacía de un tiempo de hoy.  De ser así, no tendría valor está critica, ni aún sentido, y sin embargo pocas veces uno ha tenido la certeza tan clara de que le estaban contado algo, un algo raro eso sí, pero que no podría negar con toda la fuerza del mundo. Conocedor de su dominio sobre las formas, unas formas a las que juega a pertenecer, Jarmusch desliga la narración de una marca reconocible, siquiera una intuición, para que el espectador esté delante de una incógnita. Curiosamente, como en todas sus películas aquí se niega cualquier relación anestesiada y grotesca de un cine explicable que las personas en nuestra mecánica de entender el mundo, de una racionalidad patética, hemos hecho necesaria para poder seguir viviendo. En el abismo enorme de una felicidad ya prefabricada y somnolienta, las escenas se repiten, de forma periódica y sin embargo todas distintas; es mentira, es mentira, dirá Jarmusch. En realidad en lo cotidiano y ordinario estriba el único tiempo indudable, no hay ninguna fiesta, y se pierde la historia para demostrarnos esto en un calculado transitar de escenas distintas: un bar, el trabajo, la casa propia donde emerge como un manantial a la vida el corazón palpitante de la belleza, y ése es el milagro de esta gema, que a contracorriente hace desvanecer la consciencia. Perdemos la vida, y en ello el empeño en buscar un " tiempo distinto " que acoja una irrefutable certeza. La cuarta dimensión, de la que nos hablan los poemas, es el sentimiento, la alegría o tristeza a la que, demasiado abocados, rendimos nuestra mirada, y es cierto. Pero no es suficiente, hay algo no encontrado, un enigma que se esconde virgen, secreto, detrás de un mundo de muros, conceptos.y miedos, y que es una ineludible apuesta.

José Miguel Moreno

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Despiertas cada mañana cinco minutos antes que suene la alarma, junto a tu compañera querida, conduces el autobús cada día, el mismo recorrido, el mismo ciclo, escuchas conversaciones de los pasajeros, nimias, inocentes, recuerdas los versos que has escrito, vuelves a tu morada, donde estará tu mujer, excéntrica y adorable, y un bulldog que te gusta menos. No te gusta Marvin, nunca le escribirás un poema. Laura tiene el salón lleno de retratos de su perro, y decora toda la casa, pinta todo de dos colores, aros negros sobre fondo blanco, las cortinas, los muebles, las paredes, las prendas de vestir, incluso los cupcakes que prepara para vender en el mercado del sábado. Paterson vive en un pueblo llamado Paterson, tiene un libro que se llama Paterson, de su admirado poeta William Carlos Williams, con versos sobre ciruelas frías y deliciosas, que recita en voz alta a su amante, ella también los aprecia, pero no tanto como los de su hombre. Ella le anima a publicarlos, deben pertenecer al mundo. Y así pasan los días, la serenidad de Paterson y la energía de Laura se complementan, no hace falta más. Tan sencilla y compleja esta obra de Mister Jarmusch, un poema visual y sonoro. La rutina diaria y el misterio de una ciudad pequeña, el secreto, lo sagrado del silencio. La voz del protagonista recita los versos, y de pronto van derramándose sobre un ángulo de la pantalla, como gotas de agua sobre el cristal, como el agua que cae en la poesía de la niña de la estación. Entre las gotas minúsculas que conforman la cascada que contemplan los dos poetas en el parque asoma la silueta de Yasujiro Ozu. Siempre hay una pagina en blanco, un cuaderno que rellenar, mientras el fondo de la pinta de cerveza te diga algo, mientras siga abierto el bar de siempre, mientras sientas su cabello negro junto a ti, temeroso de que despierte. asombrado de amor.

Raúl Gallego


















Esta fría y lluviosa noche, divisamos desde la torre de Radiopolis una película sensible, a un hombre amable, un poema en siete días, una obra extraordinariamente piadosa de Jim Jarmusch, que en 2016, nos obligó a mirar, a sentir, a reflexionar los pequeños instantes de esta monótona vida nuestra.

Esto es solo para decirte

que me he comido
las ciruelas
que estaban
en la nevera
y que tal vez
guardaras
para el desayuno

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frias

William Carlos Williams.

Paterson es una película emotiva, dirigida a gentes sensibles, que sobreviven, que sobrevivimos, aplastados por la vida, alienados, tipos con trabajos rutinarios, repetitivos, que aíslan la belleza de la vida en pequeños instantes, la pura sencillez de una cajetilla de cerillas, los retales de historias que escuchas en el autobús, una cerveza fría en el bar de debajo de casa, un atardecer contemplado en un parque solitario, un cielo jalonado de nubes….esa materia tan intangible…esa belleza tan efímera.. es Paterson, quizás lo más hermoso que haya hecho Jim Jarmusch.

William Carlos Williams es la inspiración del personaje de Paterson, su poesía nace de la vida cotidiana, de ese fluir apenas inaprensible, donde los días parecen la repetición del anterior, y es aquí donde Paterson se hace una gran película, porque lograr captar esos pequeños islotes de comunión, de éxtasis. La película se transfigura en un poema japonés, un Haiku que toma forma mientras este hombre tranquilo llamado Paterson, escribe en la intimidad de un sótano, mientras espera su relevo en el autobús, mientras tomas el desayuno y su mujer duerme plácidamente, o cuando camina de vuelta a casa, siempre por las mismas aceras…la misma ciudad, pero… diferente cada día. Los poemas que nacen en la pantalla son del maravilloso Ron Padget, miembro de la escuela de Nueva York.

Jarmusch compone un poema de siete estrofas, desplegado en una semana, es una variación de la vida diaria de un conductor de autobuses, con una fotografía de Frederick Elmes magnifica. Paterson es un hombre amable, un tipo honesto, honrado, valiente, la película juega constantemente con los espejos y los pareados, las coincidencias del protagonista, inmenso Adam Driver, brillante la contención de éste actor, que lo dice todo sin mover un músculo de la cara. Su poética es simple, sencilla, convirtiéndose así, en enormemente profunda.
Nuestro protagonista tiene su anverso en Laura, Golshifteh Farahani, la mujer con la que comparte la vida, de origen Iraní, un torbellino de vitalidad, de creatividad, además confronta esa introspección literaria de Paterson con la extravagancia y potencia visual de su compañera, que vive en un universo propio, una soñadora en un mundo en blanco y negro, lleno de figuras geométricas, un complemento perfecto para Paterson. Sin olvidar a su perro, el bulldog, Marvin, es el encargado de alterar la vida de Paterson, pieza clave en la historia.

Excelso poema en imágenes, un vistazo a los paisajes que cruzas todos los días y ahora miras de forma diferente, la multitud de bellos secretos que esconde la cotidianidad, parecen revelarse con la obra de Jarmusch, deseas prestar atención a lo efímero y a lo fugaz….vivir una vida única, indivisible, la tuya, fuera de la masa, del redil, del consumismo….y eso es fabuloso, eso sólo lo consigue el arte en mayusculas.

Ahora mis ojos se contentan con lo que ven, porque han aprendido a ver.....ahora el mundo es más hermoso, aunque esté solo, la soledad no me hace sufrir… H. Hesse.

“¿O preferirías ser un pescado?”

Escribimos Haikus en el ventanal de la torre de Radiopolis, José Miguel Moreno, Raúl Gallego, Gervi Navío y Alfredo Penella, que viene a presentarnos un documental sobre el pintor e ilustrador  sevillano, Andrés Martinez de León (1895-1978), titulado, La Realidad tras el Trazo, un enorme artista nacido en Coria, Sevilla, que merece su reconocimiento.

Gervasio Navío Flores.

lunes, 26 de febrero de 2018

171 - Tiempo de Silencio 1986


























“Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo la maté. ¿Por qué? ¿Por qué? Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba muerta. Yo no fui. No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada. Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo así. Me quedo así quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer que tú quieras hacer porque tu libertad sigue existiendo también ahora. Eres un ser libre para dibujar cualquier dibujo o bien para hacer una raya cada día que vaya pasando como han hecho otros, y cada siete días una raya más larga, porque eres libre de hacer las rayas todo lo largas que quieras y nadie te lo puede impedir.”

Una de las secuencias más tremendas del cine español aparece en este retablo del Madrid de la posguerra, un Madrid de los años 40, de tabernas, viejas de luto, prostíbulos, arrabales, señoritos decadentes, comisarías grises y policías que toman bismuto para aplacar sus gases. Una joven se desangra en una chabola iluminada por la inmundicia y los candiles, el Muecas, el padre de la infeliz, ha acudido a Don Pedro. El licenciado en medicina le practica un raspado cuando todo está perdido, el aborto más chapucero, el incesto, el descenso a los infiernos de un investigador que quería seguir los pasos de Don Ramón y Cajal, en una España más africana que europea quería descubrir el origen del tumor inguinal de sus ratones de laboratorio, los que le traían desde Illinois en avión. Una España de perros enjaulados que gruñen y piden auxilio, también hay hienas como el Cartucho, el tipo oscuro de la chabola más cercana maldice y jura venganza, navaja en ristre.  Dorita, la hija de la señora de la pensión, suelta una carcajada cuando su abuela afirma que Don Pedro es un caballero de los de antes, un hombre con futuro al que hay que echar el lazo. A Pedro el destino le juega una mala partida. Es un tiempo de silencio y miseria, el doctor hizo todo lo que pudo, pero no importa, llega un momento en que todo da lo mismo, que importa el cáncer, Dorita, o la madre que parió al Muecas.
Vicente Aranda tuvo la valentía de adaptar en 1986 la novela fundamental de la literatura hispana Tiempo de Silencio, escrita por Martín Santos, una obra en la que se combinaban la narrativa tradicional con un complejo estilo, de meticulosas descripciones, monólogos interiores, y diferentes perspectivas de los hechos. Aranda traslada el enfoque existencial y fatalista del autor a su lenguaje cinematográfico, realza la figura femenina de Dorita, crea magníficos ambientes, y además tiene la suerte de contar con un estupendo y numeroso plantel, Imanol Arias, Victoria Abril, Paco Rabal, Charo Lopez, Joaquín Hinojosa, Juan Echanove o María Isbert entre otros.

Raúl Gallego

Esta noche empapamos una magdalena en ginebra en el café de Radiopolis...

Gervi Navío, Raúl Gallego y Miguel Olid.


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Esta noche tenemos una cita con nuestra historia, analizamos Tiempo de Silencio, la adaptación, que en 1986, el gran Vicente Aranda hizo de la extraordinaria novela de Luis Martín-Santos. Una obra transgresora y descarnada que cambió el devenir de las letras españolas y que abrió en canal la realidad de aquella sociedad. Vicente Aranda, curtido y experto en adaptaciones literarias, era el director perfecto para esta difícil novela, contó por primera vez con Victoria Abril e Imanol Arias en los papeles protagonistas de Dorita y Pedro, para dar cuerpo a estos personajes que pululaban por el Madrid deprimido de posguerra, de miserias y bajezas morales, una burbuja temporal, no tan lejana, que hay que recordar. Un retrato sórdido y desencantado de nuestra España. Una producción magnifica que derrocha puesta en escena, para recrear esos años, maravillosa la fotografía de Juan Amorós, consigue que sintamos el frío, olemos ese basurero, el sudor, el perfume barato, los bares, las pensiones, esa verdad desborda la película, a la miserable luz del carburo, en el interior de esas chabolas….perfecto el trabajo de escenografía y vestuario, que ilustran la época y a los personajes del relato. Un reparto impresionante, con un soberbio Paco Rabal dando vida al Muecas (nada que envidiar a su Azarías de Los Santos Inocentes), un personaje abyecto, fiel reflejo de la miseria moral de ese poblado, que sobrevivía alimentándose con los deshechos de la ciudad, además, la pléyade de secundarios es increíble, Charo López, Juan Echanove, Paco Algora, Joaquín HInojosa (El Cartucho, otro personaje memorable), Diana Peñalver, María Isbert, y un largo etcétera.
Tiempo de Silencio es un fresco de una sociedad deprimida, en plena posguerra, supervivientes aplastados por la dictadura, con muy pocas escapatorias, el soniquete de la radio, las verbenas, el cine en ocasiones especiales, los cafés, los prostíbulos….poco más, apenas había esperanzas, ni pan, ni futuro. Un retrato sin piedad de todos los estratos sociales, desde el golfo arrabalero, al señorito degenerado, Matias, Juan Echanove, pasando por la clase media, la Dueña de la pensión, que espera cazar un marido para su nieta. Vicente Aranda muestra temas espeluznantes con una dirección sobria y seca, incesto, aborto, traición, doble moral....muerte. No dejen pasar la oportunidad y lean la novela de Martín-Santos, una obra imprescindible, no sólo por lo que cuenta, sino por el formato, los monólogos interiores, la subjetividad, su estructura narrativa nos describe la época y el interior de las gentes que la habitan, es un puzzle que hay que montar. Es la historia de un fracaso personal, el de Pedro, un investigador médico que no logra su meta profesional, ni sentimental, el final es terrible, tan crudo como en la novela, un desengaño, una bofetada de realidad, para esa sociedad de principio de los cincuenta, enferma, desnutrida, tanto de ideales, como de esperanzas.

…un hombre es la imagen de una ciudad, y una ciudad las vísceras puestas del revés de un hombre….¨

Gervasio Navío Flores.