La Gran Evasión

La Gran Evasión

jueves, 15 de junio de 2017

140 - Los Vikingos 1958























Brillante sesión de aventuras nos ofreció Richard Fleischer a finales de los 50. Una magnífica película de vikingos, coloreada con los sentimientos primarios de un cantar de gesta, bellas damiselas, ingleses pedantes, hechiceras, fortalezas, y barcos que surcan los mares sin necesidad de la brújula. A estos vikingos les espera Odín en el Valhalla, por eso el viejo Ragnar siempre quiere tener cerca su espada, para morir con ella en la mano y poder ser recibido en el otro mundo. Kirk Douglas bebe cerveza en su cuerno, salta sobre los remos del drakkard, lanza su hacha sobre las trenzas de una joven, sólo vacila ante la mirada de su odiado Eric cuando sabe la verdad. Einar ama a la princesa Morgana -Janet Leigh- desde el mismo momento que la vio, y como le confiesa, si no puede tener su amor se quedará con su odio. El héroe trágico y su orgulloso padre se emborrachan, se echan al mar con furia. El mito se ilumina con la luna llena, los mares de niebla con la llamas del último adiós. Las batallas se imbuyen de la épica del asedio bárbaro, de la inocencia y la sangre del pueblo nórdico que vuelve al fiordo, a la naturaleza radiante. La habitual violencia del cine de Fleischer está bastante contenida, así no vemos como el halcón deja tuerto a Einar, sólo la sangre en sus manos agarrando al ave, ni como su padre es devorado, todo se sugiere con maestría. Algunos planos son verdaderas pinturas de época, como la llegada de los vikingos a Northumbria para asaltar el castillo, y los ingleses espantados recogiendo a sus vástagos contra el hermoso fondo verde de las tierras británicas. Si a esto unimos el perfecto guión de Calder Willingham, también autor del de Senderos de gloria protagonizada por el mismo Douglas, la música de Mario Nascimbene, y un vestuario y ambientación sobresalientes, podemos afirmar también nosotros que estamos ante uno de las más entretenidos y vitalistas clásicos del cine de aventuras.

Raúl Gallego.

 Esta noche bebemos del cuerno vikingo y defendemos a muerte la torre de Radiopolis...

 José Miguel Moreno presenta, con Rodrigo Ruiz de Villegas, Raúl Gallego, Gervi Navío y nuestro crítico desde Madrid César Bardés.


 Artículo sobre Los Vikingos, por César Bardés


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jueves, 8 de junio de 2017

139 - La Lista de Schindler 1993


















En la Europa central de mediados del siglo XX muchos perdieron la esperanza. El contacto de una mano que se estrecha con otra sirve para mitigar el miedo. El abrigo rojo de una niña aterrada, el agua ansiada de unas duchas, las velas de un Sabbath que se consumen lentamente, la ilusión de un amante del buen vivir que no puede soportar lo que ve, el aniquilamiento programado de un pueblo. Hubo muchas listas anteriores a la de Oskar Schindler, listas escritas a máquina, con teclas que percutían sobre el papel nombres y apellidos de familias enteras, seres humanos, uno tras otro, registrados, censados, deportados, aniquilados.
El comandante nazi, antagonista de Schindler se mira al espejo satisfecho, levanta la mano en gesto piadoso. El poder de perdonar o castigar, disparar a una persona arbitrariamente desde la terraza, o perdonarle la vida en un instante. Un Dios vil, irredento, despiadado, el monstruo de Plaszow no conoce la compasión. Schindler alza la vista al cielo negro de ceniza, el empresario ama la vida, no va a asistir cruzado de brazos a tanta muerte, tanta ignominia, ya no puede mirar para otro lado como el resto.
La inocencia de la niña con el abrigo rojo se da la mano con la esperanza perdida de la Mouchette de Bresson. La que decidió rodar y rodar, consumirse como la cera de un cirio, como las brasas de la vergüenza derramada en la nieve de Cracovia.

Raúl Gallego.

Esta noche no vamos a dejar de ser trabajadores esenciales en la torre de Radiopolis....

 José Miguel Moreno, Isabel Moncada, Gervi Navío, Raúl Gallego, y nuestro crítico al teléfono desde Madrid, César Bardés.

Artículo sobre La lista de Schindler, por César Bardés


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Steven Spielberg estremeció al mundo en 1993 con La Lista de Schindler, y es que el mundo necesitaba ser estremecido,  la obra de Spielberg muestra lo peor y también lo mejor del ser humano, una mezcla brillante y por momentos insoportable, filmada con enorme respeto y pudor, pero también es seca, directa.... devastadora, una pesadilla en blanco y negro con retazos de color, de rojo sangre, de rojo vergüenza…un abrigo rojo, una niña….la inocencia asesinada.
El Rey Midas de Hollywood utilizó su prestigio, su posición y su talento para adaptar la novela "El arca de Schindler" (Thomas Keneally), con un gran guión de Steven Zaillian, Spielberg aprovecha su fama de director “comercial” para recordar a las generaciones que no vivieron la Segunda Guerra Mundial, que la mayor ignominia del siglo XX existió, que se privó de la condición humana a todo un pueblo, que el exterminio judío existió... además del horror, la película es también hermosa, por cuanto alude a la esperanza en el páramo desierto, a la luz que ilumina en la oscuridad.....a la bondad que habita el corazón de los hombres. Es, quizás, su obra más personal y más profunda, una deuda que él sentía contraída con su pueblo, con la historia, con sigo mismo....para mí una obra maestra, con las notas de Williams, ese quejido del violín, que es el quejido de toda la humanidad, con la fotografía impresionante de Janusz Kaminski. Las actuaciones de Liam Neeson, Ralph Fiennes y Ben Kingsley son sobresalientes, extraordinarias, contenidas, se nota que sabían lo que estaban haciendo, la magnitud del proyecto, la importancia de esos personajes, sin duda el espectador queda paralizado por la historia, ver la angustia, el terror, la crueldad...es a veces inaguantable, pero necesaria, nos esforzamos en no olvidar y en resaltar la poderosa luz de esperanza, de bien absoluto que habitó en el corazón de un hombre, Oskar Schindler, y por tanto, en el de todos los hombres, porque salvar una vida dice el Talmud que es salvar..... la humanidad.

Gervasio Navío Flores

domingo, 28 de mayo de 2017

138 - El viaje a ninguna parte 1986



























Llegaba de pleno Fernán Gómez a público y crítica con este serial radiofónico hecho película, tras su adaptación novelesca, todo de la misma mano, todo en la misma mirada. Los cómicos, esa gente deleznable, incluso hoy día opinan eso nuestros políticos, cuyo mal vivir y peor ejemplo bañaban de risa un país maltratado y regado de sangre, y que ellos conocían muy bien, demasiado. Dice Galván a los paletos de una tasca que quieren apalearlos, que ellos no son los otros, los que ganan aún si no llueve, sino que por contra son los que piden, por su sincero trabajo, lo que a ellos mismos mal les sobra, y aún añade: “ perdón, alcalde ya sé que eso es por ahora imposible", refiriéndose a una revolución frente a los ricos, que entonces iban a misa y no confesaban el estraperlo.
Y se equivocaba el personaje de Sacristán, somos los pobres, como al fin descubrió Pasolini, los nuevos ricos que, olvidadizos y desplazados serviremos al dueño de la postrera finca. Y por eso el cine, la mentira, es tan necesaria ahora, como en la película, permite la libertad del hombre que arrastra hambre y miseria de sí mismo. Muere Galván, cómo murió la compañía pobre de los cómicos de la legua, con la leve y siempre caliente mano de la mujer hermosa, y fuerte, resignada, que miraba arriba. Yo miro al hermano y en él, como en el buen amigo de Galván, encuentro la disculpa a tanto pulso y derroche, que no es saco de enfrentamiento ni postulados. Es camino en la soledad compañera, de poder sentirse otro durante un rato de comprensión y exceso.

 José Miguel Moreno

 Esta noche recogemos los bártulos y caminamos por páramos y caminos de tierra…

 José Miguel Moreno, Reneé Mendoza, Raúl Gallego, y nuestro crítico al teléfono desde Madrid, César Bardés.


 Artículo sobre El viaje a ninguna parte, por César Bardés


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Amantes -Vicente Aranda- 1991























Hay algo en la mirada de Paco (Jorge Sanz) que tramite una inexorable tristeza, tanto en manos de Trini ( Maribel Verdú ), su novia de toda la vida, como en las de Luisa (Victoria Abril ), una viuda oscura que vive de timar a inocentes ahorradores. La vida del protagonista huye poco a poco, muy bien contado en ese creciente ritmo de fracaso, impotencia y negritud donde el relato de Vicente Aranda se adentra para siempre en la tragedia, abandonando la crónica social y de época en donde empieza y ancla su consciencia. Y es entonces cuando un halo triste de dolor y miedo se apodera de la película. La muerte, la inocencia traicionada y la necesidad de una España abocada al fin, ya sea mediante el delirio de un amor imaginado, la crudeza del vivir a estacazos, y ese imparable concierto español de sangre corriente. Que bien lleva y descubre Aranda esta película de tempo implacable, que magistralmente interpretan estos españoles reales, de una realidad vertiginosa, cuya peor, y mejor, característica es la irrefrenable presencia de lo real. En una España de hambre y posguerra, de aprovechados y falta de moral, viciada, mentirosa, lujuriosamente maltrecha por una cruz innoble. Estos personajes prototípicos representan un país, que no puede amar o que se aprovecha por inocentes e interesadas artes del otro a quien también sufren por deseo o remordimientos. Y a todos los quiere Aranda, o al menos no los crítica, pues su muerte, ni uno solo de ellos seguirá viviendo la historia inicial de sus inicios, es la muerte y sepultura de un tiempo, otro tiempo que quizás amanezca más allá del arte o los sueños.

José Miguel Moreno

domingo, 21 de mayo de 2017

137 - Apocalypse Now 1979

























Apocalypse Now, una obra maestra absoluta, de un autor, de un director absoluto, Francis Ford Coppola. En 1979 exhibió su versión del relato de Conrad, El Corazón de las Tinieblas, una epifanía visual y auditiva, un profundo viaje al infierno, al corazón mismo de las tinieblas, porque es un viaje interior, al corazón humano, al alma del hombre civilizado en una situación extrema. Se ponen a prueba los cimientos que nos conforman, el bien y el mal, la moral, la supervivencia, los métodos socialmente aceptados...todo ello trasladado al Vietnam...a un conflicto que conmocionó el mundo.
La película fue un pulso de Coppola, consigo mismo, arriesgó todo su dinero, sus bienes, su carrera, su posición, su prestigio, su propia cordura, porque en ese proceso lleno de vicisitudes y contratiempos, completó el mismo viaje que Willard, se convirtió en Kurtz, a pesar de la complejidad del rodaje en Filipinas, los costes de producción con los helicópteros del gobierno local, el clima adverso, un tifón arrasó los decorados, el cambió de protagonista (Harvey Keitel ) el infarto de Sheen, los abusos de drogas y alcohol del resto del reparto, las pasadas de Hopper, la aparición de Brando. La historia sin final, que rodaba escribiendo por las noche las escenas del día siguiente, adaptándose al momento, incorporando vivencias personales, hasta que después de dos años y un sacrificio enorme, una fuerza de voluntad inmensa, Coppola nos regala una obra maestra, consigue cerrar un círculo, una adaptación maldita, que Welles no pudo nunca terminar y que a él casi le cuesta su carrera, la obra definitiva sobre la guerra del Vietnam.
Para la historia del cine quedan la locura y el despropósito, la carga de helicópteros al son de la cabalgata de las Walkyrias de Wagner que masacra una aldea vietnamita. Podemos ver en Kilgore (magnífico Robert Duvall) al militar americano, un Patton actualizado, duro, valiente y fascinado por la guerra, temerario, obsesionado y fuera de sí con unos métodos comprables a los de Kurtz. Su discurso sobre el Napalm es la prueba. La interpretación de Martín Sheen en el hotel de Saigón, una auténtica catarsis, los tripulantes de esa barcaza que remonta el río, Clean, Laurence Fishburne, ese adolescente de raza negra que representa a todos esos jóvenes americanos sacrificados en esa selva, Chief, Albert Hall, el jefe de la barcaza, que llora con una bandera raída en las manos, Chef, Frederic Forrest, vaya reacción al encontrarse al tigre, una crisis de un tipo desubicado en una selva, en una guerra, perdida, Lance, Sam Bottoms, totalmente colgado de un ácido para huir de esa realidad que acribilla a tiros a unos vietnamitas, que solo ocultaban un cachorro....y la presencia más absorbente y siniestra, fascinante, Kurtz, Brando, sus métodos van más allá de lo soportable para la sociedad, él tiene el poder absoluto de decidir, no ha sido empujado a cometer actos indeseables, él ha decidido cometerlos...ha traspasado los bordes de la locura, “¡El horror!” que cita Kurtz, es la condición humana, terrible, tenebrosa, que no está en lo más hondo de la selva, en los salvajes, el autor nos dice que la génesis del mal está en el ser humano, eso insinúa Conrad, el verdadero origen del horror es el hombre blanco. Coppola señala a los responsables de esa guerra injustificable, y deja un resquicio de esperanza, aunque sea débil, un poco de fe en la bondad del ser humano, con la reflexión final al arrojar las armas y la fusión del ídolo de piedra con el hombre.

Una odisea, un viaje por el río infernal hasta el templo de Kurtz, una obra inabarcable con una banda sonora magnifica, compuesta por el padre de Coppola, Carmine Coppola y el propio Francis Ford Coppola, apoyado con temas míticos como el The End de The Doors, la Creeadence y Suzie Q, el extracto de Wagner y las Valkyrias, The Rolling Stones y su Satisfaction. Una fotografía de Vittorio Storaro que quedará para la historia, las tinieblas y la luz se dan la mano....acérquense también al montaje de 2002, "Apocalypse Now Redux", la versión total del director, la vuelta de tuerca definitiva, esos 49 minutos extra, desarrollan un poco más, si cabe, el descenso por el Aqueronte a través del tiempo, con el episodio de la plantación francesa, las Playmates en ese vertedero, un caos sin mando, una apuesta impensable hoy en día, con un talento excepcional, que analiza el horror de la guerra, la desintegración del hombre, una búsqueda nihilista, tan fascinante y ambiciosa que te deja impactado, sobrecogido. En ese reino de locura y sombras donde Kurtz es el amo y señor, ahí, cohabitamos todos.....porque ese tipo forma parte de todos nosotros...porque podemos matarlo..... pero no tenemos derecho a juzgarlo...

Gervasio Navío Flores.

Un último regalo, unos versos de T. S. Eliot:

“No cesaremos en la exploración
Y el fin de todas nuestras búsquedas
Será llegar adonde comenzamos,
Conocer el lugar por vez primera.
A través de la puerta desconocida y recordada
Cuando lo último por descubrir en la tierra
Sea lo que fue nuestro comienzo:
En la fuente del río más largo
La voz de la oculta cascada
La voz no conocida porque nadie la busca,
Pero escuchada, aquí, ahora, siempre—
Una condición de sencillez absoluta”


Esta noche bailamos una danza sórdida con las playmates de Radiopolis, José Miguel Moreno, Raúl Gallego, Gervi Navio, y el crítico de cine César Bardés.


 Artículo sobre Apocalypse Now, por César Bardés


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sábado, 13 de mayo de 2017

136 - La Ronda 1950
























Gira, gira, gira la ronda. Subimos al tiovivo de los deseos, se cumplirán o no según el caballito que nos toque, hasta que llegue el momento de apearse y dejar el sitio al próximo. El carrusel del amor mueve el mundo, los amantes se buscan, se encuentran por azar, se abandonan al ritmo de un vals vienés. La prostituta se aferra a la mano del soldado, el soldado olvida el sable en la alcoba, el poeta le hace la corte a la muchacha, la modista tiembla ante el joven adinerado, la actriz seduce al conde, y así sigue y sigue girando la ruleta de los sueños hasta volver a la meretriz que reabre el ciclo. El artificio en blanco y negro, el virtuosismo de la puesta en escena, la cámara en movimiento incesante, para nada un giro brusco o un vaivén desesperado, es una forma de rodar donde la fluidez y lo suntuoso de los encuadres dan paso a los relatos de Arthur Schnitzler, plano tras plano, escena tras escena, romance tras romance. Max Ophüls nos presenta a su maestro de ceremonias, excepcional  Anton Walbrook, en un memorable plano secuencia. Este señor ama el arte del amor, un voyeur confidente que se pone a la altura de los ojos del espectador fisgón, que siempre aparece en el lugar indicado, que toca la corneta para llamar al soldado de permiso, o corta la escena cuando se pone más tórrida de la cuenta, ay...la censura.
Hombres y mujeres se buscan en todas partes, a todas horas, gente que busca a gente en la circulación de las noches y los días, de los llantos y las risas. Los personajes se confunden entre las cortinas, las lámparas, el follaje, las ventanas, las mamparas, los bancos del parque, las estatuas de los faunos sonrientes y lascivos. Con encuadres inclinados, atmósferas de niebla, escaleras ampulosas, carruajes elegantes, una bobina da paso a otra, el bohemio fin del Diecinueve saluda al turbulento siglo XX en una exhibición de un cineasta único.

Raúl Gallego.

Esta noche pedimos un reservado para degustar la exquisitez barroca de Max Ophüls...

José Miguel Moreno a la dirección, con Raúl Gallego, Gervi Navío, y nuestro crítico de cine César Bardés.


 Artículo sobre La Ronda, por César Bardés


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miércoles, 3 de mayo de 2017

135 - Marathon Man 1976























Un estudiante de historia se prepara para la maratón de Nueva York, con un chándal desvaído y sus zapatillas de deporte hace el mismo recorrido diario por Central Park, Manhattan al fondo. A cada zancada rememora a su padre, una víctima de la caza de brujas. Correr hacia adelante, hacia la superación, enfrentar y conocer lo nuevo, enamorarse de una chica que cronometre sus carreras. Babe no sabe que ese fondo adquirido día tras día le ayudará a escapar de unos diamantes de procedencia infame, de correos secretos, agentes dobles, y la tortura más sádica que pudo imaginar. El relax tras el deporte en la bañera del apartamento, una toalla sobre la cara, y una chavala preciosa en el pensamiento. Antes de conocerla Babe sólo vivía para su maratón y su doctorado, no sospecha que en Uruguay se esconde un criminal de guerra nazi que sabe perforar los dientes hasta llegar al nervio, y ofrece aceite de clavo para aliviar el dolor ensordecedor. Dolor y alivio, alivio y dolor, en eso consiste todo. Babe vive solo, admira a Abebe Bikila, la imagen del sacrificio. Siempre fue diferente a su hermano mayor, un tipo de acción, un hombre de negocios, pieza de la corrupta guerra fría. La tensión aumenta como la codicia de un viejo enfermo con pasado atroz, que quiere saber si la mercancía está a salvo. A través de una gafas y unos ojos vidriosos, el pavor reconocido, el dentista del campo siempre trató las bocas de sus pacientes con delicadeza y esmero, vuelve a brotar la sangre como antes. Perforar un incisivo no resulta difícil, no tanto como tragarse un puñado de diamantes. 
En los setenta, Schlesinger, uno de los representantes del Free Cinema británico, impresionó al respetable con esta adaptación de la novela de William Goldman. Un consagrado Dustin Hoffman y el magistral Lawrence Olivier enfrentan sus talentos en un thriller redondo, Roy Scheider también aporta fuerza a la trama, así como la suiza Marthe Keller, que no sabía una palabra de inglés y se aprendió de memoria la fonética de los diálogos. 

Raúl Gallego.


Este mes no pensamos ir al dentista aunque nos salga gratis...

José Miguel Moreno presenta, con Gervi Navío, Elio Cubiles, Raúl Gallego, y nuestro crítico desde Madrid, César Bardés.


 Artículo sobre Marathon Man, por César Bardés


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miércoles, 26 de abril de 2017

134 - La Calle sin Sol 1948
























La película de Rafael Gil pertenece al periodo de mayor producción, y mejor, de este amante del cine americano que, en una industria seguidora del modelo Paramount, la Cifesa de entonces, cosechó éxitos de crítica y público en los distintos géneros que trabajo, desde el cine religioso a la comedia o el cine costumbrista y negro, en donde muy probablemente se encuadre esta película. La desconfianza hacia el extranjero, las mujeres dóciles y abnegadas y la presencia salvífica de lo religioso no aparecen, al menos de forma protagonista, en esta cinta de 1948, donde salvando rarezas como la magistral "Vida en sombras ", del catalán Llobet Gracia, era moneda común y aún obligada. El amor y la confianza en las personas, al margen de la procedencia, en una estructura de thriller que nos recuerda por momentos a Sospecha, del maestro Hitchcock, van construyendo la trama con la presencia de unos muy definidos caracteres, brillantemente interpretados por lo más florido de nuestros actores de entonces. Un Manolo Morán, estupendo y comprensivo, nos trae al recuerdo el Capitán Louis de Casablanca, la misma Amparo Rivelles lo hace a una heroína americana, cuyas intenciones no son aviesas , y un Antonio Vilar que bien podría imaginarse cómo perdedor de buen corazón, típico de la obra Fordiana. En definitiva, muy cinéfila formación y muy personal entonación en un hombre que si bien trabajaba con magníficos guionistas, aquí Mihura nada menos, siempre engullía las historias para hacerlas suyas. La presencia de la envidia, maledicencia y hambruna, ese Carpanta a quien recuerda un hambriento personaje de la película, la convierten, sin una intención manifiesta de denuncia, en un fresco de la posguerra donde el sol solamente aparecía durante una hora para los desheredados.

José Miguel Moreno


Esta noche paseamos por el Raval y las Ramblas con un perrito detrás…

 José Miguel Moreno presenta, con Raúl Gallego, Gervi Navío, Miguel Olid, Juan Salvador Limón y Rafael Utrera.



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